Sociomovilidad
Por qué fracasan los proyectos de transporte público en América Latina
porque sea peor ingeniero.
La ingeniería del transporte es la única cuyo resultado no depende solo de la física. Depende del ingreso de quien viaja, de la informalidad de su barrio, de su horario, de su género, de cuánta confianza le tiene al Estado. Es la única ingeniería que se decide tanto en la calle como en la hoja de cálculo.
Desde ahí, este libro explica una escena que en América Latina se repite con una constancia que ya no puede atribuirse a la mala suerte: sistemas técnicamente impecables que la gente no usa. Corredores modernos medio vacíos junto a paradas informales llenas. Proyectos que cumplieron todas las metas de ingeniería y ninguna de las que importaban.
El diagnóstico habitual culpa a la política o a la cultura del usuario. Este libro apunta a un lugar más incómodo porque es el nuestro: el método. Nuestros modelos predicen cuántos vehículos pasarán por una avenida, pero no tienen dónde anotar si la persona puede pagar el pasaje sin sacrificar la comida del día. Si logra llegar a la estación o si esa estación le quedó a un viaje entero de distancia. Si el sistema llega cuando dice. Si tiene miedo al volver de noche. Si se siente tratada como ciudadana o como carga.
Esas cinco cosas deciden si un sistema se usa o se abandona. Ninguna aparece en la fórmula que justifica la inversión.
Sociomovilidad es el nombre de esa dimensión ausente, y la apuesta del libro es que puede medirse antes de construir. El autor la formaliza añadiendo una etapa al método clásico, con una propiedad severa: si una sola dimensión colapsa, colapsa el resultado. Un sistema al que la gente no puede llegar no se salva por ser moderno, rápido y silencioso.
De ahí sale la lección má leer todo...
Cargando comentarios...