ALIMENTANDO EL ALMA, POCO A POCO
Cómo dejar algo que quede, sin cambiar de vida
empresa, después otra. Quebró las dos veces. Volvió a su trabajo de siempre con cien dólares en el bolsillo y la pregunta intacta.
La respuesta no llegó en un retiro espiritual ni en un TED talk. Llegó un martes de marzo, en la cocina, cuando la hija de su pareja volvió a casa agotada por una pelea sin sentido. Él no supo qué consejo darle. Le contó una fábula: un burro que juraba que el pasto era azul, un tigre harto de discutir con él, y un león que le enseñó algo que Gaspar no esperaba aprender esa noche.
Ahí entendió que dejar algo que dure no es cosa de héroes, artistas ni emprendedores de revista. Es un derecho de cualquiera con una cocina, un lápiz y un martes libre. No hace falta cambiar de vida. Hace falta agregarle algo. Y hacer que quede.
Alimentando el alma, poco a poco no es otro libro de gurú exitoso hablándote desde la cima. Es la historia de un hombre común que fracasó, volvió y encontró sentido en lo que ya tenía: la receta de la tía Violeta que la familia sigue discutiendo cada año, un cuadro pintado una noche sin poder parar, una pregunta que puedes hacerte esta misma noche antes de dormir: ¿qué dejé hoy?
Sin fórmulas mágicas. Sin promesas de transformación en 21 días. Sin cambiar de vida.
Solo dos fracasos, una fábula, y una regla que se te queda pegada: haz que quede.
Para los que no pueden -ni quieren- dejarlo todo. Y tampoco están dispuestos a pasar por la vida sin dejar nada.
Si alguna vez te preguntaste qué vas a dejar cuando ya no estés, este libro tiene una respuesta que puedes empezar hoy, sin renunciar a nada. leer todo...
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