Juanurro y la isla de las cinco Antágathas
los espacios estrechos y a todo lo que hace eco, se ata un hilo rojo a la mesa de trabajo y se deja caer a las alcantarillas.
Bajo la ciudad lo esperan un mundo olvidado y varias pruebas. Brisco, una vieja rata, lo guía hasta el puente de las Cañerías, donde Juanurro se gana el paso reparándolo. Después cruza un río sin sol en una barca hecha con un zapato. Allí encuentra el cascabel de Antágatha, que suena solo, y sobrevive a una casita que imita la letra de su amiga y a una niebla llena de voces que dicen ser ella. En el Mercado de lo Olvidado paga un mapa de la isla con un recuerdo que no elige. Solo nota que ha olvidado algo importante que Antágatha le dijo. Una tormenta lo salva de ahogarse gracias a la tortuga cartógrafa Ordalía, que le advierte que alguien quiere que llegue a la isla, aunque quizá no sea quien pidió ayuda.
Al desembarcar, la brújula de Juanurro se divide en cinco agujas. En la torre del centro de la isla encuentra no a una, sino a cinco gatas idénticas a Antágatha, y cada una jura ser la verdadera. El hechizo solo dejará salir a una, y Juanurro tendrá siete días para descubrirla. Para lograrlo deberá interpretar pruebas como el sabor del té, una canción de cuna y una cicatriz, desenmascarar al guardián de la torre y recuperar lo que le quitó el mercader. La elección final no depende de ver, sino de entender qué es lo que un hechizo no puede copiar. leer todo...
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