MUTIG
Valiente
en el piso de mi habitación sin poder levantarme, luego de haber llorado durante tres días seguidos, y sin comer ni beber absolutamente nada.
Sentir que muchas personas como yo, tal vez chicas latinas enamoradas profundamente de un alemán, que han sufrido en otro país sin compañía de sus familias situaciones como la soledad, dependencia, rechazo, discriminación y muchas otras cosas que yo misma experimenté por haberme dedicado a defender yo sola un amor totalmente ajeno y lejano a lo que significa un amor de verdad.
Ver a mi mamá, la persona que más amo en este mundo, sufrir de la manera en que lo hizo por mis arrebatos, por mis decisiones y por como dejé toda mi vida en búsqueda de ese amor fugaz que las personas experimentamos en algún momento de la vida, me lleva no solo a escribir este relato que hoy comparto con ustedes, sino a haber tenido que escuchar la historia de otras chicas que, como yo, pasaron por situaciones iguales o peores que la mía.
Memorias que me llevan a escribir y a recordar cada uno de los sucesos que casi me hacen renunciar a mi propia vida por culpa de las diferencias sociales de cultura y de lenguaje por las que un amor, tal vez frágil, o simplemente inocente, es obligado a soportar.
Pero, sobre todo, me lleva a escribir el haber encontrado la sanación, el camino, la luz de la esperanza, el haber reconocido el amor de verdad, el único capaz de dar la tranquilidad y la paz al alma. Sí, escribo esto para que muchos otros también se sanen, encuentren el camino y les sirva para comunicarlo a otros, a ustedes, queridos lectores, a quienes les presento esta historia total y completamente real. Nada de esto es ficción; ojalá lo hubiera sido, como cuando sentí que todo estaba perdido y no había nada leer todo...
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