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Hernando Gómez Castro

Hernando Gómez Castro

@hernando.gomez

Colombia » Atlántico » Barranquilla

Hernando Gómez Castro

El camino es largo y retrechero

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Llegó a La Macarena buscando trabajo. Encontró el infierno... y también la humanidad.
Año 2004. Un joven médico barranquillero, sin dinero y con una familia que alimentar, acepta el único empleo que nadie quiere: una plaza en La Macarena, Meta, en el corazón del conflicto armado colombiano. Lo que vivió allí
no cabe en ningún libro de medicina.
Entre levantamientos de cadáveres, niños con fusiles, partos imposibles a la luz de una linterna y el cañón de un arma rozándole la piel, este médico aprendió que, en algunos rincones de Colombia, curar es un acto de resistencia.
Con humor costeño, sinceridad y el corazón en la mano, el Dr. Hernando Gómez Castro nos lleva a un territorio que el país prefiere no mirar, y nos recuerda que, aun en medio del dolor, el amor siempre grita más fuerte.
No es un libro de héroes. Es la historia de un hombre que llegó buscando trabajo y terminó aprendiendo lo que de verdad significa curar.
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Mamá, quiero ser presidente

UYU$ 739,60

Él tenía doce años. Tenía un lápiz y un sueño.

A las cuatro de la mañana, Sandra Mora revuelve una paila de cobre hasta que la leche se vuelve caramelo. A las siete ya está en los buses, vendiéndolo de a poco. Tiene las manos de una mujer de sesenta.

Andrés llena
un cuaderno de escuela con un plan para un país donde los hospitales no se queden sin medicinas. Lo titula «Mamá, quiero ser presidente». Su madre lo encuentra abierto en la mesa y lo lee de pie.

No se ríe.

Después vienen veinte años de puertas cerradas: una fábrica con candado de un día para otro, una beca que se pierde en el bolsillo de alguien, una universidad que cuesta más de lo que ganan en un año.

Veinte años y ella sigue levantándose a las cuatro.

Él sigue escribiendo.

Andrés no era un héroe con capa. Era un chico de barrio, con zapatos rotos y un corazón gigante. Su arma no fue la violencia, sino la palabra. No buscó venganza, sino justicia. No soñó con riqueza, sino con dignidad.

«El verdadero triunfo fue no doblegarse».
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