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que nos helaba los huesos. El camino no era fácil. El frío no era fácil. La oscuridad no era fácil. Mantener el rumbo era todo lo posible. Amanecer en la cama que creímos incinerada, bajo el calor y el olor de sus cobijas, con la piel suave por el descanso, no es un premio al valor de continuar, es la prueba de que el incendio no fue total y sabemos la certeza de que algún día volveremos a estar a un paso del desastre. leer todo...
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