El kullku
juguete: quietos, perfectos y atrapados en un bellísimo dibujo.
Pero algo andaba mal en mi interior. Una voz oculta, un presentimiento imposible de ignorar, me decía con fuerza:
- Hoy no es tu día.
- Es un día negro para ti.
- El sol no te acompaña.
- Las sombras caminan a tus espaldas, sin hacer ruido.
- El viento te advierte algo que no quieres oír.
- Hoy va a pasar algo malo.
Tenía desconfianza, aunque trataba de ignorarlo. Ese presentimiento -fuerte, insistente- no salía de mi mente. Era como un aviso mudo, clavada en mi pecho, que me decía que algo estaba por suceder. No sabía qué hacer. Me quedé quieto, mirando a mi alrededor.
Todo se veía normal, pero yo sentía que algo no lo era.
El viento sopló un poco más fuerte. Las hojas de los pocos árboles se movieron, y un pequeño gorrión salió volando de pronto, como si algo lo hubiera asustado.
Mi corazón empezó a latir más rápido. Quise pensar que solo era una coincidencia, pero la sensación seguía ahí, muy dentro de mí. Nervioso di mi sonido característico - cuu-cuuu, cuu-cuuu. Algo iba a pasar. Lo presentía.
Desde lo más alto del imponente cerro San Francisco, en el punto exacto donde se ocultaba mi humilde pero seguro nido, el mundo entero se abría ante mis ojos como el escenario de una gran aventura. Al asomarme al borde del abismo, el viento helado de la cordillera me golpeaba las mejillas con fuerza, mientras yo contemplaba, con una nitidez asombrosa, el majestuoso mapa de la tierra a la que pertenecía. leer todo...
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